El amanecer había llegado, suave y silencioso, pero la mansión en la que se encontraba Agatha parecía más fría que nunca. Mientras se miraba en el espejo, sus ojos reflejaban la lucha interna que experimentaba. En menos de un día, todo lo que pensaba que sabía sobre su vida se había derrumbado, y ahora tenía que prepararse para una batalla que nunca había imaginado pelear.
Samer había salido temprano en la mañana para hacer una llamada importante, dejando a Agatha a solas con sus pensamientos.