Agatha no pudo conciliar el sueño esa noche. Las revelaciones de Samer se arremolinaban en su mente, como si cada palabra que él hubiera dicho se grabara en su conciencia. Sabía que había algo más grande en juego, algo que la colocaba en una situación mucho más peligrosa de lo que había imaginado.
Al amanecer, se levantó y salió del cuarto sin hacer ruido. Necesitaba aire fresco. La cabaña se sentía sofocante, con las paredes cerrándose a su alrededor. Afuera, el rocío cubría la hierba y el air