El día transcurría lentamente en la cabaña, con una calma engañosa que hacía parecer que el mundo exterior no existía. Agatha había pasado la mayor parte de la mañana mirando por la ventana, observando cómo las nubes se movían lentamente por el cielo, cubriendo las cimas de las montañas en una danza suave y persistente.
Pero en su interior, no había paz. Las palabras de Samer seguían resonando en su mente. Él había sido claro: quería demostrarle que su vida juntos podía ser diferente, que su re