El día había comenzado tranquilo, pero ahora Agatha sentía cómo el aire en el edificio de Samer se volvía más denso a medida que avanzaba por los pasillos. Cada paso que daba la acercaba más a su nueva realidad, una en la que sus sentimientos y su vida personal se entrelazaban con el entorno profesional de él, un lugar que hasta ese momento solo había conocido de oídas.
Samer la guiaba con calma por el lugar, mostrándole su oficina y las áreas comunes. A pesar de la imponente arquitectura y el