El amanecer en las montañas llegó silencioso, bañado por una luz suave que se filtraba a través de las ventanas de la cabaña. Agatha abrió los ojos lentamente, permitiendo que la serenidad del lugar la envolviera. Por un momento, todo parecía tan tranquilo, como si el mundo exterior no existiera, como si las amenazas hubieran desaparecido con la niebla que cubría los árboles.
Pero los ecos de su pasado no se desvanecían tan fácilmente. Las imágenes de su secuestro, las caras frías y sin piedad