El camino sinuoso continuaba, aunque el peligro inmediato había quedado atrás. El silencio dentro del coche era palpable, cargado con la tensión del momento vivido. Agatha no podía apartar la vista de Samer, que conducía con la mandíbula tensa y las manos firmes sobre el volante. Amir, aunque parecía más relajado, mantenía la pistola sobre sus piernas, preparado para cualquier eventualidad.
El paisaje cambió drásticamente a medida que se adentraban en las montañas. Los árboles se volvieron más