Las palabras de Amir resonaban en la mente de Agatha, como un eco sombrío que se negaba a desaparecer. Mientras los hombres discutían los últimos detalles del plan, ella se obligaba a mantenerse en calma, aunque cada vez era más difícil ignorar el miedo que sentía.
El salón estaba silencioso excepto por el murmullo bajo de las voces de Samer y Amir. Agatha observaba sus gestos, tratando de entender los movimientos calculados y las decisiones estratégicas que estaban tomando. Nunca había imagina