La oscuridad fuera del coche parecía devorarlo todo. Agatha mantenía los ojos fijos en la ventana, pero más allá de la silueta de las montañas y los escasos árboles que pasaban rápidamente, no había mucho que ver. El motor del vehículo rugía bajo ellos, rompiendo el silencio absoluto de la noche.
Samer estaba sentado a su lado, su mirada fija hacia adelante. Aún no había dicho nada desde que habían salido de la mansión. Por alguna razón, su silencio la inquietaba más que cualquier cosa que hubi