Los días posteriores al almuerzo con Layla pasaron con calma aparente. Agatha se sentía un poco más segura, aunque aún sentía la carga de las expectativas y las miradas que los rodeaban. Samer, por su parte, intentaba aliviar cualquier tensión, recordándole constantemente que estaba ahí para apoyarla.
Una tarde, mientras Agatha organizaba los informes finales de un proyecto, recibió un mensaje de Samer invitándola a pasar el fin de semana en su casa de campo, un lugar donde ambos podrían descon