La tormenta había dejado un aire denso, cargado de humedad, que hacía que cada respiración de Agatha se volviera más pesada. Se encontraba de pie frente a la puerta cerrada del viejo almacén, el eco de los truenos retumbando en sus oídos. La noche parecía más oscura que nunca, como si el mundo entero se hubiera sumido en una quietud inquietante, esperando el próximo movimiento.
A su lado, Samer no hacía ningún intento por disimular la tensión que lo envolvía. Sus manos, usualmente firmes y cont