Agatha observó a través de las ventanas del salón principal, donde la luz del amanecer empezaba a filtrarse lentamente. Los colores cálidos del cielo parecían contrastar con el frío nudo que sentía en su pecho. Samer, sentado en el borde del sofá, repasaba una vez más los documentos que habían conseguido en la última operación. Cada línea de texto y cada cifra parecían encerrar un rompecabezas que, hasta ahora, no lograban descifrar del todo.
—Esto no tiene sentido —gruñó Samer, dejando caer lo