El aire en el escondite era espeso, cargado de tensión e incertidumbre. Agatha caminaba de un lado a otro, con los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo, mientras Samer revisaba los planos que habían encontrado en la mansión de Massimo. Los papeles contenían detalles que, aunque fragmentados, empezaban a formar una imagen más clara de lo que enfrentaban.
—Samer, esto no tiene sentido —dijo Agatha, rompiendo el silencio. Su voz reflejaba una mezcla de frustración y cansancio—. ¿Por qué Ma