El ambiente en el salón estaba cargado de tensión, aunque el murmullo de las conversaciones trataba de disfrazarlo. Agatha permanecía sentada en un rincón estratégico, observando cada movimiento y cada gesto. El despliegue de poder y apariencias no podía ser más evidente. Todos querían demostrar algo, y ella sabía que, en ese juego, los más silenciosos eran los más peligrosos.
Samer se encontraba en el centro de la sala, conversando con un hombre de mediana edad que, a juzgar por su porte y sus