La atmósfera en la habitación era pesada, como si el aire mismo estuviera cargado de tensión. Samer permanecía de pie junto a la ventana, su mirada fija en las luces de la ciudad que titilaban en la distancia. Aunque su postura parecía tranquila, Agatha sabía que la tormenta en su interior era feroz.
—No podemos seguir así —dijo finalmente Agatha, rompiendo el silencio. Su voz era baja, pero firme, cargada de una mezcla de frustración y determinación—. Hay demasiadas preguntas y muy pocas respu