Las horas siguientes estuvieron llenas de estrategias y discusiones. La oferta del hombre enigmático había puesto a Samer y Agatha en una posición precaria. Si querían salir vivos, debían jugar un juego que no habían elegido.
—Sabemos que su red es extensa —dijo Samer, mientras trazaba líneas en un mapa esparcido sobre la mesa—. Pero todos tienen un punto débil. Solo necesitamos encontrar el suyo.
Agatha lo miraba en silencio. Aunque confiaba en las habilidades de Samer, no podía evitar sentir