El amanecer trajo consigo una calma inquietante. El refugio permanecía en silencio, roto únicamente por el suave zumbido de los equipos electrónicos. Khaled, siempre madrugador, revisaba por última vez los archivos obtenidos, mientras Samer y Agatha intentaban recargar energías tras la intensa noche.
Agatha, sin embargo, no lograba conciliar el sueño. Se levantó y caminó hacia la sala de operaciones, donde encontró a Khaled observando las grabaciones.
—¿No has dormido? —preguntó, acercándose.
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