Los días siguientes se sucedieron con una calma engañosa. La seguridad seguía reforzada, y el personal de la casa se mantenía en alerta constante, pero la sensación de que algo más estaba por venir no abandonaba a Samer. Ni a Agatha.
La mañana amaneció clara, el sol iluminando los jardines perfectamente cuidados. Agatha decidió salir a caminar para despejar su mente. El aire fresco le ayudaba a calmarse, aunque sabía que la tranquilidad que sentía era solo una ilusión.
Mientras cruzaba uno de l