La habitación se llenó de un silencio tenso tras la entrada de Agatha. La mirada de Samer se endureció, y el ambiente cambió drásticamente. Los hombres en la sala, tres en total, miraron a Agatha con curiosidad y algo de desdén.
—¿Quién es ella? —preguntó uno de los hombres, un tipo robusto con una cicatriz en la mejilla.
Samer tomó un paso hacia adelante, intentando proteger a Agatha.
—Es una invitada —dijo, tratando de mantener la calma en su voz—. No es parte de esto.
Agatha podía sentir el