Las primeras luces del amanecer pintaban el cielo de tonos anaranjados mientras el puerto, que horas antes había sido escenario de tensión y traición, comenzaba a despertar con una calma engañosa. Samer y Agatha permanecían escondidos en la cabina de un viejo barco pesquero, tratando de recuperar el aliento después de la emboscada.
—Esto no puede seguir así —dijo Agatha, rompiendo el silencio. Sus ojos estaban cansados, pero su voz reflejaba una determinación renovada—. Estamos un paso atrás, s