Una ráfaga de viento frío me caló hasta los huesos al entrar. El portero me abrió la puerta y me saludó con un gesto cortés. A la mayoría de la gente le pedían el DNI al entrar, pero a los VIP los reconocían al instante.
Al pasar de la luz aún brillante del día a la penumbra del exterior del club, parpadeé para que mis ojos se acostumbraran a la oscuridad.
La zona VIP estaba al fondo y me tomé mi tiempo para subir la escalera de caracol que daba acceso directo. La zona estaba elevada, lo que ofr