El botones del Burj Al Arab entró en la suite empujando un carrito con una caja negra lacada.
—De parte de Su Alteza, el jeque Al-Maktoum —dijo, haciendo una reverencia profunda antes de desaparecer.
Lorenzo, que se estaba terminando de vestir tras la ducha, se acercó a la caja. Tenía una tarjeta dorada con caligrafía árabe y una traducción en inglés debajo: "Para la joya que no tiene precio, un envoltorio digno."
—Ábrela —ordenó Lorenzo, ajustándose el reloj.
Levanté la tapa pesada.
El interio