Capítulo 55: El Viaje de Negocios a Dubái
El aire acondicionado del Gulfstream G650 estaba a diecinueve grados, pero al bajar la escalerilla en la pista privada del aeropuerto de Dubái, el calor del desierto me golpeó como un puñetazo físico.
Cuarenta grados a la sombra. Y olía a queroseno y dinero líquido.
Un convoy de tres Rolls-Royce Phantom blancos nos esperaba a pie de pista.
—Bienvenida al patio de recreo del diablo, querida —dijo Lorenzo, ajustándose las gafas de sol de aviador. Me tomó