Había vuelto.
No como la prometida ilusionada de hace cinco años. Ni como la CEO vengadora de hace una semana. Entraba como propiedad.
—¡Elena!
Alejandro bajó las escaleras casi corriendo, con una sonrisa que iluminaba su rostro estúpido.
—No puedo creerlo —dijo, deteniéndose frente a mí, con las manos temblando de emoción—. Papá me dijo que te mudabas por "logística corporativa", pero... sabía que era por nosotros.
Intentó abrazarme. Me quedé rígida como un poste, mi maleta Louis Vuitton sirv