Salí de la sala de juntas con una sonrisa perfecta pintada en el rostro, pero por dentro estaba gritando.
Caminé directo al baño ejecutivo del pasillo, cerré la puerta y pasé el pestillo con manos temblorosas.
Me apoyé en el lavabo, respirando con dificultad. Mi cuerpo seguía vibrando, una sensación fantasma que persistía en mi piel y en mis nervios.
Me sentía sucia. No por el sexo, sino por la falta de control. Lorenzo me había convertido en una marioneta frente a doce inversores. Me había dem