Capítulo 143

El cuarto del pánico era un ataúd de lujo. Tres metros cuadrados de hormigón reforzado, filtros de aire y silencio.

Me senté frente a la consola de seguridad, con Leonardo apretado contra mi pecho.

El bebé lloraba suavemente, contagiado por mi pulso acelerado, pero yo no podía consolarlo.

Mis ojos estaban pegados a las dos pantallas que iluminaban la oscuridad.

En la pantalla izquierda: El exterior. La cámara de seguridad de la biblioteca mostraba a Lorenzo.

Ya no golpeaba la puerta. Se había d
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