El cuarto del pánico, diseñado para ser un refugio impenetrable, se estaba convirtiendo en un horno.
El sistema de ventilación, que debía filtrar amenazas biológicas, no estaba preparado para el fuego directo en la entrada.
El humo se colaba por las juntas microscópicas, un humo negro, denso y venenoso que olía a libros antiguos y ambición quemada.
Las luces de emergencia parpadeaban en rojo.
ALERTA: NIVEL DE OXÍGENO CRÍTICO. TEMPERATURA EXTERIOR: 400 GRADOS.
Leonardo tosía contra mi pecho. Un