El sonido del maletín de cuero del doctor Albiol cerrándose sonó como un veredicto judicial.
—Todo está en orden, señora Castillo —dijo, ajustándose las gafas—. La incisión ha cicatrizado perfectamente. El útero ha vuelto a su tamaño. Físicamente, es usted una mujer nueva.
Lorenzo estaba de pie junto a la ventana, de espaldas a la luz de la tarde. No había dicho una palabra durante el examen, pero su presencia había llenado la habitación, pesada y expectante.
—¿Entonces? —preguntó Lorenzo, sin