Lorenzo caminó hacia la repisa de mármol y se sirvió dos dedos de whisky en un vaso de cristal tallado.
El sonido del líquido cayendo era lo único que rompía el silencio tenso de la habitación.
Yo seguía junto a la puerta cerrada, con la espalda apoyada en la madera fría, sintiendo el peso de su mirada aunque él me daba la espalda.
Se giró, sosteniendo el vaso.
Caminó hacia mí despacio. Sus pasos eran pesados, autoritarios. No era el paso de un hombre joven con prisa, sino el de un hombre madur