El café de la mañana nunca me había sabido tan dulce.
Me senté en la terraza acristalada de la mansión, bañada por el sol de invierno, untando mermelada de fresa sobre una tostada con una calma que rozaba lo psicopático.
Lorenzo estaba sentado frente a mí. Llevaba su bata de seda granate y leía las noticias financieras en su tablet, ajeno a que la noticia más importante del día no estaba en Bloomberg, sino en su propia cuenta bancaria vacía.
—El mercado está volátil —comentó, sin levantar la vi