capitulo 8

Ari caminó detrás del doctor Vargas, sintiendo cada músculo de su cuerpo tenso mientras se dirigían a la pequeña clínica dentro de la mansión. Rafael la seguía en silencio, pero su presencia era imposible de ignorar.

Al llegar, Vargas abrió la puerta y le hizo un gesto para que pasara. La habitación era cálida, con luz tenue y un aroma a hierbas que resultaba sorprendentemente relajante.

—Siéntate, Ari —dijo el doctor con voz suave, indicándole la camilla.

Ella obedeció, evitando mirar a Rafael
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