El Centro Cardiológico Morales se alzaba en Coral Gables como un faro de modernidad, sus ventanales destellando bajo el sol de Miami como si capturaran fragmentos del cielo. El vestíbulo, un lienzo de mármol blanco y acero bruñido, exhalaba una fragancia de jazmín fresco, mientras esculturas de vidrio suspendidas danzaban con la luz. Diego Rivera, flanqueado por Ramírez, atravesó las puertas con el alma en vilo, su corazón latiendo al ritmo de un anhelo que lo había consumido durante cuatro año