El vestíbulo del hotel vibraba con el eco de pasos apresurados, el aire cargado de un aroma a cera de pisos y flores frescas que apenas disimulaba la urgencia que impulsaba a Valeria y Diego. Corrían por el pasillo, sus respiraciones entrecortadas entrelazándose como hilos en un tapiz invisible. El corazón de Valeria latía con un ritmo frenético, cada latido un grito silencioso por Sofía y Gabriel. Diego, a su lado, era una tormenta contenida, sus ojos avellana encendidos con una furia protecto