Capítulo 48: Lazos en la Tempestad
La comisaría de Miami olía a café rancio y papel viejo, un contraste áspero con el pulso acelerado que resonaba en el pecho de Valeria. Sentada en una silla de plástico duro, sus manos se retorcían en su regazo, las uñas rozando la tela de su falda como si buscaran anclarse en algo sólido. A su lado, Diego permanecía de pie, su figura imponente llenando el espacio, su camisa blanca ligeramente desabrochada revelando la tensión de su clavícula. Sus ojos avellana, encendidos con una mezcla de furi