El sol del mediodía se filtraba a través de los ventanales de la oficina legal, proyectando patrones danzantes de luz sobre el piso de mármol pulido. El aroma a café recién molido y cuero envejecido impregnaba el aire, un contraste sutil con la tensión que Valeria sentía en cada músculo. Ella y Diego bajaron del coche blindado, flanqueados por los escoltas cuyos pasos resonaban como un ritmo marcial en el garaje subterráneo. Sofía y Gabriel, con sus manos pequeñas aferradas a las de Clara, mira