10. El abismo entre nosotros
El frío de la celda no es nada comparado con el que llevo dentro.
Mis nudillos aún duelen por el golpe. El sabor metálico de la adrenalina sigue en mi boca. Pero lo peor de todo es el vacío en mi pecho, el eco de la mirada de Lena cuando me alejaron de ella.
Pánico.
Dolor.
Traición.
Nunca la había visto así.
Me dejo caer en el banco de cemento, apoyando la cabeza contra la pared. Respiro hondo, tratando de calmar el torbellino dentro de mí, pero es inútil.
Estoy jodido.
No por estar aquí.
Sino