37. Donde el Tiempo Sangra
Caemos.
No como quien cae desde una azotea o por una escalera. Esto es distinto. Es como si el tiempo mismo se desmoronara bajo nuestros pies, tragándonos con sus dientes invisibles.
Lena aprieta mi mano. Su piel arde. Como si llevara dentro un pedazo de sol a punto de estallar.
Y cuando por fin tocamos fondo… no hay impacto.
Solo un silencio denso. Tan absoluto que me deja sordo.
El paisaje frente a nosotros no tiene lógica. Ni dirección.
El cielo está hecho de recuerdos. Literal