35. El otro yo
No puedo dejar de mirar la maldita foto.
Mi mano tiembla. No por miedo. Por la certeza nauseabunda de que lo que vi es real.
Esa silueta que tiene mi rostro… que está junto a Lena… no soy yo.
—¿Qué significa esto? —pregunto, la voz más ronca de lo que esperaba.
La figura da media vuelta, camina lentamente hacia la oscuridad, como si supiera que lo seguiría.
—Significa que no todo lo que recuerdas es cierto —responde sin mirar atrás—. Y que Lena ya no está donde crees que está.
Salimos de la hab