91. EL ANUNCIO DEL SECUESTRO AL MUNDO.
Las noticias aún no salían aquella mañana en la ciudad. A pesar de ser temprano, un pequeño bar estaba abierto, Ana Bell se lo encontró por casualidad.
«Me vendría bien un trago» pensó después de los días, meses que ha pasado.
— ¿Qué te sirvo para comenzar tú día? —preguntó el barman.
— Una cerveza, por favor.
— Enseguida, preciosa.
El bar a pesar de ser temprano, se encontraba lleno de personas extrañas. Ana se dedicó a sentarse y tomar, sin darse cuenta de la presencia de Rosal