20. PAGAR LA DEUDA.
Verónica llevaba al menos media hora esperando cerca de su puerta. Escuchando el mínimo ruido que saliera del exterior, tenía que irse a trabajar pero no quería encontrarse con su aún esposo, Alexander.
Era al menos una hora y media más temprano de lo que normalmente se va. Soltó un suspiro;
— No eres una niña, Verónica. Solo sal —se murmuró a ella misma.
Abrió la puerta sin hacer el mínimo ruido, la casa aún se encontraba en la oscuridad. Caminó despacio siguiendo el pasillo. Al pasar