Posible mate.
Habían pasado dos largas horas.
Derek caminaba de un lado a otro, inquieto, con el ceño fruncido, y empujando con las manos el aire, como si quisiera despejar pensamientos.
El espacio reducido de la casa comenzaba a sofocarlo, a apretarle el pecho como una camisa mal abotonada.
—Ya no aguanto más —murmuró para sí, y se dirigió con paso decidido a la habitación de Scarlet.
Estaba dispuesto a disculparse, no solo por lo que dijo, sino por cómo lo dijo. No podía perder la oportunidad de estar a su