Mil provocaciones.
—¿Qué te gusta?
—Aparte de los hombres… el dinero —respondió sin un ápice de vergüenza.
—Te pagaré para que estés a mi lado —propuso, suponiendo que ella se ofendería y se negaría de inmediato, pero, para su desconcierto, ella sonrió como gata que acaba de atrapar un ratón.
«Después de gastar tanto en hombres bestia, ya era hora de que uno me pagara a mí», pensó, saboreando la idea mientras una sonrisa traviesa se le escapaba. Pero, al notar que su expresión la delataba, carraspeó disimuladamen