Cuatro machos y un problema.
Al salir del trabajo, Zhana decidió que merecía un rato de relajación… a su manera. Había sido un día largo, tedioso y sin el menor atractivo… hasta que recordó su lugar feliz. Ese pensamiento le curvó los labios en una sonrisa lenta, pícara, y maliciosa.
Mientras caminaba, sintió esa molesta presión en la nuca… la clara sensación de que alguien la seguía. No se volteó. La ignoró con la misma calma con que se ignora a un mosquito: segura de que, si alguien la estaba persiguiendo, probablemente