Luna imperfecta.

Frente a Scarlet, Selene se cruzó de brazos y dio dos pasos laterales, como si estuviera modelando su propia arrogancia.

—Viste la diferencia de niveles. Yo soy la Luna que todos quieren. Tú, en cambio, serás la Luna que calentará la cama de mi primo. Solo quiero que mires con calma tu realidad. —Sonrió saboreando cada palabra, como si fueran vino añejo.

Scarlet apretó los puños hasta que los nudillos le dolieron.

—Vete al infierno, maldita —escupió con rabia.

Selene comenzó a chasquear la lengua con una calma irritante, como si Scarlet fuera una niña caprichosa.

—Pobrecita… —murmuró, con esa mezcla de burla y lástima que era peor que un golpe—. Para acompañarte… porque en el infierno estás tú, humana. —La voz de Selene destilaba veneno—. Tu destino es miserable. ¿No te lo dijo mi primo? Que toda humana que resulta ser la luna de un alfa termina suicidándose… o loca de remate. Siempre es el mismo patrón.

Se inclinó hacia Scarlet, como una serpiente dispuesta a clavar los colmillos.

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