Juego entre la luna y su lobo.
—Silencio —ordenó, dejando a Derek sin palabras—. Es mi momento de volverte loco.
Y vaya que su lunita lo logró. Lo llevó profundo en su boca, friccionando entre paladar y lengua, mientras sus manos iban a sus testículos y los apretaba, deleitándose en cómo las venas que adornaban su falo se marcaban con intensidad.
—¡Ahh! —exclamó Derek—. Esa boca… —Y tenerla ante él, aunque de rodillas, lo volvió un esclavo. Desaparecieron de su mente memorias de cualquier otra mujer. Su mundo entero, su fu