Juego entre la luna y su lobo.
—Silencio —ordenó, dejando a Derek sin palabras—. Es mi momento de volverte loco.
Y vaya que su lunita lo logró. Lo llevó profundo en su boca, friccionando entre paladar y lengua, mientras sus manos iban a sus testículos y los apretaba, deleitándose en cómo las venas que adornaban su falo se marcaban con intensidad.
—¡Ahh! —exclamó Derek—. Esa boca… —Y tenerla ante él, aunque de rodillas, lo volvió un esclavo. Desaparecieron de su mente memorias de cualquier otra mujer. Su mundo entero, su fuerza y su destino reposaban en esta humana que había llenado de color su vida oscura. Que le regalaba la eternidad.
Metió las manos en su cabellera mojada, no para apartarla, sino para contener su fuerza y sentir, en toda su extensión, el calor de aquella boca.
Y su mujer no lo decepcionó. Lo llevó profundo una y otra vez, hasta que sus ojos brillaron. Entonces, rozó con sus dientes la unión entre tronco y glande.
—¡Joder! Me voy a correr, ¡para!...
Ella lo dejó salir de su boca y limpió con