Desafío en la cúspide.
Paola había subido a la cúspide del grito de guerra. Ese era el apodo para el lugar.
Un lugar construido con la fragilidad de cristales para recordar al alfa supremo lo delicado que era entrar en guerra.
Se suponía que si el alfa supremo declaraba la guerra, debía hacerlo desde allí, desde esa especie de podio peligroso. Solo un alfa supremo, fuerte y hábil podía pisar dicha cúspide, cuidando de balancear el peso de sus patas, con la seguridad de que, si el cristal cedía, el lobo podría, de un salto, estar a salvo. Pero Paola era una jovencita desesperada que, queriendo huir de su mate, encontraría la muerte.
El cristal de la cúspide comenzó a resquebrajarse y Lioran moría de desesperación.
—¡Haré lo que quieras, pero por favor toma mi mano!
—¡No! —negó Paola, mirando a Scarlet, que quería llegar a ella, pero Derek la sostenía.
—Lioran no la puede tomar porque la superficie no resistirá su peso, apenas aguanta el de Paola. No puedes buscarla —exclamó Derek con apremio.
Scarlet paró y