Del llanto al billete de cien.
Claudia parpadeó, aunque fue solo por un segundo, ya que luego soltó una carcajada desdeñosa.
—¿Esa es tu defensa? ¿Un chivo expiatorio imaginario? Patética. Siempre supe que pagaste por tu título. Tus errores te están alcanzando, novata.
Scarlet estuvo a punto de lanzarse sobre ella como una fiera, pero una mano la detuvo.
—No pierdas tu tiempo con esa arpía —la voz de Zhana cortó el aire como una navaja oxidada.
Scarlet, sin decir una palabra, asintió. Ignoró a Claudia como quien ignora a una