Dichoso sábado.
Pasó la mañana en reuniones y, después del mediodía, le pidió a su secretaria que no le pasara llamadas a no ser que fueran realmente urgentes.
En su escritorio había una pila de documentos que necesitaba leer y firmar, pero antes de acomodarse en la silla se sirvió un vaso de whisky.
Cerró los ojos al primer sorbo y el mundo pareció detenerse…
«—¿Cómo haces para que todo funcione y no caer en la desesperación si algo sale mal? —preguntó Laín, mirándolo con curiosidad.
—Si eres una persona qu