A casa.
Salió de la oficina y se despidió de su secretaria con un escueto “hasta el lunes”. Caminó hacia el ascensor, se arregló los puños del saco y soltó un suspiro cansino.
«Este sábado haremos algo divertido en casa…».
Las puertas del ascensor se deslizaron con un leve zumbido neumático, abriéndose lentamente, revelando la cabina iluminada.
Drazen presionó un botón, las puertas se cerraron y miró su reflejo en el espejo.
—Claro, porque eso suena totalmente creíble —musitó, arqueando una ceja.
Cu