Compensación y compañía.
Exhaló un suspiro y miró los documentos que seguían sin abrir en un extremo de su escritorio...
«—Nunca fui al cine —comentó Laín, dibujando un mohín con los labios—. Supongo que es…
—Una gran habitación poco iluminada, filas de asientos con personas murmurando, una enorme pantalla y sonido estridente. ¿Qué tiene de interesante todo eso? —preguntó, más para sí mismo.
Bebió otro sorbo de café y, por el filo de la taza, miró a Laín: ojos abiertos, el verde destellante del iris; los labios apenas