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3: ¿De quién es ese bebé?

Marco  

Cinco meses después, sigo pensando en todo lo que ha cambiado.  

Han pasado siete meses desde que tuve la última noticia de Lara. La última vez que la vi fue cuando la rechacé.  

Recuerdo que sus piernas flaqueaban de dolor después del rechazo. Su espalda, su cabello largo y castaño, sus tacos chocando contra el suelo y el dulce aroma de su perfume fueron lo último que grabé en mi mente sobre ella.  

Cuando la vi marcharse, decidida y firme, sentí una punzada de dolor en el pecho. Un dolor que no creí que sentiría al dejarla cuando me enteré de que me engañó con mi hermano Enzo.  

Había tanto odio en mi interior cuando Irina me contó la verdad con pruebas. Tuve que tomar una decisión y separarme de Lara. Ella me traicionó. Confié en ella y me clavó un puñal por la espalda.  

¿Con mi propio hermano? ¿Cómo pudo hacerme esto a mí?  

Apenas tuve contacto con Enzo. La única relación que mantuvimos fue hace tres meses cuando tuvimos que reunirnos virtualmente por un asunto de la empresa. No tuve opción. Desde entonces, no volvimos a cruzar una sola palabra. 

Sin embargo, nuestra madre organizó una cena familia. Mamá acababa de recuperarse de un cáncer que casi la mata y quería tener a sus dos hijos juntos sentados a la mesa. Me negué, pero mamá fue insistente y tuve que aceptar.  

—¡Viniste! —me abrazó mi madre. Depositó un dulce beso en mi mejilla. Tuve que agacharme para que me alcanzara.  

—¿Cómo estás, mamá? —le devolví la sonrisa, pero me sentía incómodo.  

Quería que la noche terminara tan pronto como fuera posible.  

Mamá pasó sus ojos a Irina y le regaló una sonrisa, pero yo sabía lo que mi madre pensaba sobre ella. Cuando mamá se enteró que Lara y yo nos separamos, la noticia le cayó pesado. A mamá no le agradaba Irina para mí. 

—Estoy bien. Adelante. Pasen... La cena estará lista pronto —nos indicó.  

Caminé lentamente, tanteando la casa. Aquí había crecido, pero con la presencia de Enzo el lugar no se sentía cálido como antes. Llegué al comedor, olfateando el delicioso aroma a comida que provenía de la cocina. Enzo no estaba en el comedor.  

—¿No ha llegado aún? —me di la vuelta para ver a mi madre.  

—¿Enzo? No. Vendrá con su nueva novia.  

Irina me tomó de la mano en cuanto me senté en la mesa. Mamá tomó asiento en la punta, en el lugar de papá.  

—¿Qué piensan hacer de su relación? 

—Casarnos, mamá. Te lo dije hace un mes. Planeamos formar una familia.  

—Sí, señora. Yo amo mucho a su hijo —habló Irina, desprendiendo su sonrisa despampanante.  

Pero mamá no mostraba emoción real por nuestro compromiso.  

El timbre sonó. Mamá no tardó en levantarse de la mesa para abrir por su cuenta. Mi cuerpo se tensó de inmediato ante el sonido. Enzo estaba aquí y yo no quería ver su estúpido rostro después de lo que me hizo.  

—¿Estás bien? —consultó Irina.  

—No quiero verlo, Irina.  

—Creí que ya habías superado lo de Lara. Creí que ya no la amabas, Marco.  

—No la amo. Ya lo superé, pero eso no cambia el hecho de que lo odie a él.  

Enzo entró en la cocina, imponente como siempre. Nos desafiamos con la mirada de inmediato. La rivalidad esparciéndose por la habitación. Enzo se mostró sorprendido de verme. 

—¿Qué haces tú aquí? —preguntó, dándose la vuelta para ver a mamá.  

Pero mamá no estaba detrás de él. Era Lara.  

El corazón se me detuvo al verla. Tan atractiva y limpia como siempre, con esa mirada que te atravesaba el pecho. Pero no fue simplemente el hecho de verla tan hermosa, sino su enorme vientre abultado.  

Ella estaba embarazada.  

Lara estaba embarazada.  

—¿Qué hace ella aquí? —preguntó Irina, levantándose de la mesa.  

Lara se veía igual de sorprendida de verme, pero su rostro también expresaba miedo. Inmediatamente, sus manos fueron a su vientre, acariciándolo, como si intentara proteger lo que había dentro de ella.  

—Tú... ¿Estás embarazada? —fruncí las cejas.  

Miré a Enzo, quien tomó rápidamente la mano de Lara y se colocó delante de ella para que yo no la viera. Sentí la sangre hervir dentro de mí. 

Mamá dijo que Enzo vendría con su novia. ¿Ella era su novia? ¿Lara? 

Mi cuerpo se tensó y mis puños se apretaron. Mi mandíbula apretada, mi mirada fría y mi respiración pesada. Lo que tenía frente a mí era una burla. Una burla a nuestros años de matrimonio con Lara. Ella no tenía límites. 

Descarada mujer. 

¿Embarazarse de mi hermano? ¿Era de él?

Entonces la escena era un recordatorio de que Irina nunca me mintió. Irina dijo la verdad sobre Enzo y Lara. Ellos siempre estuvieron juntos. Me mintieron en la cara todo este tiempo. Me vieron la cara de idiota. 

Mientras yo viajaba por trabajo, Lara se revolcaba con mi hermano. Nuestro matrimonio siempre estuvo roto. No entiendo cómo no lo vi antes. Lara es una mala persona. 

—¿Para esto me trajiste, mamá? ¿Para que vea que Enzo está con Lara? —la juzgué, incómodo.

—Cariño, yo no tenía idea sobre esto. Acabo de enterarme como tú.  

Sentí la pesadez en la cabeza y el pecho. Un ligero presentimiento extraño me recorrió la espina dorsal y se extendió hasta mi pecho.  

¿Cuánto tiempo llevaba ese bebé dentro de ella? Su vientre parecía explotar. 

—¿De quién es ese bebé? —Solté la pregunta sin siquiera pensarlo.

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